Curiosidades de “El diamante de Titzé”

Curiosidades de “El diamante de Titzé”

Cuentos para contar, cuentos para enseñar. Los que ha escrito Elías García Chávez y recopilado en El diamante de Titzé. ¿Por qué los ha escrito? Las razones te las explica él mismo a continuación.

«Fui el cuarto de once hermanos —comienza a explicar Elías García Chávez—, así que eran siete los menores a los que contaba cuentos, pero no tenía libros de cuentos. El trabajo en el campo es muy duro, pero a veces me tocaba cuidar unas cabras; esos eran mis días de descanso. Me llevaba un cuaderno y una pluma, y mientras las cabras pastaban yo escribía. Tenía que hacerlo de pie, caminando tras ellas, con un ojo en el cuaderno y otro en las cabras, pues éstas no paran para comer, comen caminando, y pueden irse a lugares prohibidos. Pero así escribí varios cuentos para contarles a mis hermanitos».

Cuentos de la infancia, «mal redactados y con una caligrafía a prueba de criptógrafos, que eran desechables», reconoce también. Pero ya adulto, casado y con sus propios hijos, encontró algunos de esos cuentos: Puente de Piedra y Las aventuras de Joselito. «Les di una pulidita y los guardé. Esos fueron la causa de que, pasados los años, se me ocurriera publicar un libro de cuentos. Bueno, también influyó el hecho de que mis hijos, mis sobrinos, y después mis nietos, me pidieran que les contara cuentos», reconoce García Chávez.

De ahí que varios de los que aparecen en El Diamante de Titzé «son reconstrucciones de cuentos que vagamente recordé, de los que que compuse en mi infancia y adolescencia, como El mercader codicioso y Teorías», confiesa también.

Y es que, como nos explica antes de acabar estas curiosidades, «yo podía garabatear cuentos caminando en el monte tras una manada de cabras inquietas, pero publicar es otra cosa. Escribí, y con dificultad publiqué algunos libros porque consideraba necesario hacerlo, pero ¿libros de cuentos? No, ¿para qué? O más bien, ¿cómo? Pero entonces descubrí Difundia Ediciones, recordé las palabras de mi ex jefe en la empresa en que trabajaba: “No sea egoísta, don Elías, comparta, sus escritos”, y decidí publicar. Después de todo, las palabras y actuaciones de algunos de los personajes de esos cuentos pueden ser aleccionadoras. ¡Por lo menos son divertidas…! Y la diversión y el entretenimiento, si son sanos, son beneficiosos para el alma. Así que ahí van…».

Pues eso, ahí los tienes, para cuando desees echarlos un vistazo.

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