Curiosidades de “El evangelio según Lucifer”

Curiosidades de “El evangelio según Lucifer”

Novela policiaca con tintes existencialistas y una trama que te obliga a pensar de manera continua. Eso es lo que te propone E. L. Loustaunau Borgois en El evangelio según Lucifer. ¿Aceptas el desafío? Ahí te van estas curiosidades de dicha obra para terminar de convencerte.

Nos cuenta E. L. Loustaunau Borgois que «la novela surgió como una necesidad, porque escribo desde mi adolescencia, pero nunca había logrado llegar a completar una, es decir, cada proyecto que inicialmente yo pretendía que fuera del formato de novela, no pasaba a ser más que un cuento bastante largo de 70 u 80 páginas, o quedaba inconcluso como otro proyecto que lo comencé con gran entusiasmo, pero hace cinco años me atranqué y no logró avanzar en su última tercera parte».

¿Qué decidió hacer? Utilizar un germen, su personaje predilecto, el inspector Jacques Le Clair, de quien escribió un par de cuentos hace años, e iniciar una novela policial con el título de El portador de la luz. «A medida que avanzaba en ella, ingresaron otros protagonistas tanto o más importantes que el policía que debía resolver una serie de crímenes —confiesa E. L. Loustaunau Borgois—. Fui cambiando la línea temporal del relato para que no fuera tan vertical, y permití los avances y retrocesos en el mismo para que el lector conociera a la víctima y a su asesino, como así también el contexto que lleva a la escena de dicho crimen».

A modo de curiosidad, nos dice E. L. Loustaunau Borgois que al describir al profesor Enrique Zandilvar, el resultado es «un reflejo de mis manías personales, según mi hija menor, y su asesino conocido como Omega a su vez tiene su historia producto de donde vivió y creció».

En definitiva, y como bien asegura E. L. Loustaunau Borgois, «el objetivo es mostrar que nuestra libertad de elección está condicionada a la realidad de la que no se podido encontrar cómo escapar para forjarse un destino diferente. Dicho esto, no debe utilizarse como excusa para justificar cualquier acción, pues teniendo en cuenta lo que dijo Jean Paul Sartre de que “estamos condenados a ser libres”, Hitler y Mussolini fueron lo que fueron por su propia decisión más allá del impulso de su época que pudo dirigirlos en la dirección del protagonismo histórico que tuvieron, e igualmente fueron resultado de sus decisiones. Otro ejemplo: si hubiera seguido lo que mis padres pensaron sobre mí, hoy estaría jubilado tras cuarenta años atendiendo un comercio familiar, pero sin ánimo de rebelión ante la autoridad paterna. Yo sentí que quería ser otra cosa, y me propuse ser profesor de filosofía, y hoy me jubilé tras tres décadas de ejercer la docencia. Sin dudas, si hubiera elegido la opción familiar, hubiera tenido un pasar económico estable y sin sobresaltos, y hubiera viajado en avión antes de los sesenta años, como lo hice recién hace dos años con destino a Italia. En la medida de lo posible, cada uno debe ser lo que se merece y no enfrentarse a la escena que magistralmente describió mi compatriota Mario Benedetti en su obra La tregua, cuando el hijo del protagonista, un burócrata y aburrido hombre sin brillo, le dice que “cuando está frente a él, es como mirarse en un espejo que refleja un futuro que no desea”».

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