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Curiosidades de El valle de las almas en pena: Los personajes

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Curiosidades de El valle de las almas en pena (2): Los personajes

 

Hace unos días le pedimos a Medea De Montparnasse, autora de El valle de las almas en pena, que te contara cosas relacionadas con dicha obra. Ahora es el turno de los personajes. Únicos, inclasificables. Sorprendentes. Faltan adjetivos para definirlos. Te darás cuenta en cuanto empiezas a leer acerca de ellos…

 

«Mi primera historia es una hilera de monjas por el campo, una sádica y corrupta y otra que está dentro de la hilera aguantando porque no ve otra salida, y fantaseando con que a la otra se le caiga la máscara, aunque sea con un buitre y un curita que va detrás midiéndoles los culos.

 

La siguiente es un diálogo al más puro estilo cine quinqui de los 80, que adoro; entrañable y con un presagio simbólico al final que corta la risa, pero te hace, creo, dejar pensando “¿cómo acabará esto?” Ya desde el principio…

 

Sigo con un matrimonio que va de camino. El marido es un calzonazos y ella, una maruja facha de quiero y no puedo ser pija, y con un niño que, de repente, les ha puesto una esvástica en la cabeza.

 

Continúo con la descripción de la actriz S venida a menos, que se refugia en la cocaína y el masoquismo extremo para grabar imbecilidades de noche y poderse enfundar en un látex neopreno, que le cuesta sudores, para marcar sus lorzas, decaer y poder seguir drogándose (no es ella muy tendente al suicidio).

 

Después viene Armando Bolillos, ese loco, y su diálogo con el psiquiatra en su alta, que finaliza con una fabada española antes de la despedida y el psiquiatra en un antro de carretera.

 

Posteriormente describo el perfil de un psicópata.

 

Tras ello, a una ninfómana perdida en su dolor que sólo se libera de él con el sexo más heavy en solitario.

 

E intercalo esa realidad de Carmencita y Samuel, esos gritos o grabaciones que ponen de mala hostia a alguien o algo en la basílica, o que están en el eco del sufrimiento y tras las piedras. Y cómo la oscuridad se les mete dentro, más aún… Y ven, o creen ver, una piedra inmaculada, raramente inmaculada, y una hilera de monjas.

 

Describo una logia o secta.

 

Describo a un equipo que ha ido a grabar algo supuestamente en 16 milímetros, aunque la portada esté en Súper 8 u 8 milímetros.

 

Armando Bolillos llega al camping, pero está cerrado, saca de quicio a la de control y zumba al segurata, luego se va por donde ha venido y la chica se auto despide del trabajo, y se va a beber a un tugurio de carretera donde conoce a un señor viejo con pinta de intelectual que la invita a beber sin pretensión ninguna de sexo ni de abusar de ella, ni psíquica ni emocionalmente, y eso les hace los cómplices absolutos cerca del valle».

 

¿Qué te ha parecido? Y esto es sólo la primera entrega. En la próxima, más acerca de los personajes de El valle de las almas en pena, de Medea De Montparnasse.