Entrevista a Daniel Alcoba, autor de “Final de la etapa guevarista o de la imitación del Quijote”

Entrevista a Daniel Alcoba, autor de “Final de la etapa guevarista o de la imitación del Quijote”

¿Qué se va a encontrar el lector en esta obra?

Lo que anuncia su título, que no puede ser más descriptivo: el Final de la etapa guevarista, es decir los últimos años de vida del comandante Ernesto Che Guevara. Hechos y dichos, conflictos, y en particular sus dos últimos proyectos frustrados o derrotas tramposas: la «Guerra de Liberación del Congo» (1965-1966) y sobre todo el desastre guerrillero del ELN en Bolivia, donde encontró la muerte.

¿Por qué esta obra? ¿Qué te propones con ella?

Yo formaba parte de la llamada columna argentina. Integraba lo que Che Guevara en su Diario de Bolivia llama «el grupo de Stamponi». La historia no sólo me concierne, además considero que contarla al mundo entero es mi deber. Lo que me propongo es desmitificar, sacar la verdad del pasado a la luz. Y sobre todo arrancar las máscaras, quitar los disfraces de media docena de «próceres revolucionarios», de grandes nombres, a quienes la crónica veraz, pura y dura, revela como genocidas impenitentes. Esta historia es la del origen de las luchas revolucionarias de los años 1970, que acabaron con el genocidio emprendido por la dictadura militar del general Jorge R. Videla.

¿Qué recomendarías al lector antes de comenzar a navegar por las páginas de esta obra?

Que revise en Internet -la hemeroteca más cómoda- los anuarios de noticias de los años 1960, 1970, 1980 y 1990… Con los grandes títulos de portada bastará para que puedan situarse en la realidad del mundo de entonces, que en este libro someto al bisturí, al microscopio y al telescopio. Este último instrumento porque en esta historia tan argentina tercian la República Popular China, la URSS, y las Democracias Populares europeas que se nombraban por lo que nunca fueron: ni democracias ni populares.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

La idea de contar la experiencia cubana con Che Guevara se me presentó como un deber moral en 1989, exactamente en la primera semana de julio de 1989, a la vista de la siniestra farsa que fueron los juicios al general de división Arnaldo Ochoa, al coronel Antonio de la Guardia y a los oficiales asistentes de uno y otro. Entonces escribí un artículo acerca de Régis Debray, Fidel Castro, el Che y el librito «Revolución en la Revolución», atribuido a Debray, pero en verdad «inspirado» si no dictado por Fidel Castro.

¿Dónde te has inspirado para escribir esta obra?

El cincuentenario de la muerte de Ernesto Che Guevara me disparó el entusiasmo redactor. No tengo lugares que me inspiren, en octubre de 2017, ante la evidencia de que habían pasado cincuenta años desde el asesinato de Che, y que en el decenio 1990, con la publicación de al menos tres buenos libros de guevaristas malquistados con el poder cubano se había desenmascarado la farsa castrista, me puse a trabajar con los apuntes que había redactado para mi hija Laura, novelista francesa, que nació en La Habana en 1968 y compuso la novela «Les passagers de l’Anna C» (Éditions Gallimard, 2012), y con una veintena de libros donde no faltaron siquiera los perpetrados por Lenin y Mao Zedong.

¿Qué método utilizas a la hora de escribir?

Este libro tiene mucho de introspectivo. Pero también tuve que apelar a internet que me puso ante los ojos reportajes a sobrevivientes de la represión argentina del período Videla, y que también me puso en contacto -vía redes sociales- con hijos y nietos de compañeros de los años 1960 y 1970 muertos o desaparecidos en aquellos decenios de fuego…

¿Qué reglas sigues para escribir una obra como esta?

La única regla que se debe seguir en la composición de una novela de no ficción como esta, es no faltar a la verdad, no inventar, no caer en la ficción. Si no tienes más remedio que conjeturar, porque los protagonistas de la escena murieron, los desaparecieron o hicieron voto de silencio, entonces se debe aclarar en el texto que el diálogo o el monólogo que se pone en boca de los muertos o silentes es conjetural.

Valora brevemente Difundia Ediciones.

La función de Difundia es muy valiosa para la literatura. A las grandes empresas editoras ya no les interesa la literatura per se, sólo buscan editar lo que pide el mercado, lo que se vende fácilmente. Difundia opera como las pequeñas editoriales artesanas del pasado: atiende sobre todo a la calidad de la escritura que se le presenta, y apuesta por libros que no cuentan con demanda previa, y por ende, que no pueden nunca interesar a las editoriales punteras, que aspiran a traficar sólo con best sellers, también porque sus costes de distribución son excesivos. Así, Difundia rescata para la memoria y la conciencia pública –única eternidad a nuestro alcance— obras que en las ferias de éxitos de temporada naufragarían en la invisibilidad y el olvido.

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